No podíamos dejar Inglaterra sin visitarlo, al menos en forma simbólica. No fue fácil encontrarlo en la Abadía de Westminster entre grandes esculturas, placas y monumentos pertenecientes a distintos estilos arquitectónicos y tiempos, desde el Renacimiento hasta la época victoriana, dedicados a reyes, reinas, príncipes, poetas, escritores y también a científicos.
Algunos visitantes pasaban sin advertir la presencia -cerca del atractivo monumento de Isaac Newton- de una placa blanca de mármol en el suelo, en donde podía leerse el nombre de uno de los más grandes naturalistas, Charles Darwin quien junto con otros que lo precedieron en el camino de sus ideas de la evolución como Jean- Baptiste Lamarck con su concepto de la transmutación de las especies y su propio abuelo, Erasmus Darwin revolucionó el mundo de la Biología.
Luego de su viaje a bordo del HSM Beagle bajo el mando del capitán Fritz Roy, Darwin tardó más de 20 años en publicar sus ideas sobre la evolución que surgieron durante la travesía hasta que finalmente lo hizo en 1859 en su libro Sobre el origen de las especies a través de la selección natural. Su obra generó apoyos y críticas, estás últimas provinieron principalmente de sectores religiosos en defensa del creacionismo devenido ahora en diseño inteligente.
¿Tan modesta sepultura para Darwin en la Abadía de Westminster se debería a sus opositores religiosos? nos preguntábamos con Valeria Román, hasta que un empleado de la Abadía vestido de toga roja como todos los que trabajan allí nos dio por respuesta una razón materialista y lejana a nuestras especulaciones: “Sus amigos no tenían mucho dinero para hacer una escultura o algo más importante pero sí, sus restos descansan allí abajo”.
También nos comentó su encuesta personal sobre los nombres más buscados en la Abadía de Westminster en la que Darwin solo tiene un cinco por ciento, superado por el número de visitas a Newton aunque “la mayoría consulta por el baño o no sabe lo que busca”, dijo sonriendo.
Durante la Conferencia de Periodistas Científicos se dio a conocer una encuesta encargada por el British Council en el marco de su programa Darwin Now en la que a más de 10.000 adultos entre 18 y 64 años de Argentina, China, Egipto, India, México, Rusia, Sudáfrica, España, Inglaterra y Estados Unidos se les consultó sobre el conocimiento acerca de la teoría de la evolución de Darwin y su acuerdo o desacuerdo.
Los resultados demostraron que el 70 por ciento de los encuestados han escuchado al menos algo sobre Darwin y su teoría. Los mayores niveles de conocimiento los presentaron los entrevistados de Inglaterra y Estados Unidos con un 71 por ciento, seguidos por México (68%) y Argentina (65%), mientras el 63% de los encuestados en Egipto y el 73 % en Sudáfrica nunca han escuchado nada sobre Darwin.
En cuanto a la aceptación de la teoría de la evolución, la pregunta estaba más orientada al vínculo con las creencias religiosas que a argumentos científicos y ante la frase: “Es posible creer en Dios y mantener la visión que la vida en la Tierra, incluida la humana, es resultado de la selección natural”, la mayoría demostró su acuerdo en los 10 países. Estados Unidos, Sudáfrica e India son los estados con mayor desacuerdo con esta proposición con un 43 por ciento.
En lo que se refiere a los argumentos científicos en seis de los diez países encuestados la mayoría coincidió con la proposición que asegura que existe suficiente evidencia que respalde la teoría darwiniana, entre estos países se encuentra la Argentina con un 57 por ciento.
Volviendo a nuestra excursión, antes de irnos de la abadía nos encontramos con un sacerdote anglicano cuyo trabajo es “hablar con los visitantes” y aseguró que Darwin y su teoría no le afectan ni molestan aunque sí ha visto algún que otro religioso gritar y protestar ante su tumba. Al partir el sacerdote nos preguntó “¿De donde proviene la vida?”.
Cada uno con sus creencias o con evidencias científicas, puede intentar dar una respuesta.
Cecilia Farré